Lucas Niven: Hacer vino no es una receta de cocina

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Frase fuerte pero cierta y comprobada para empezar esta nota entrevista a uno de los enólogos jóvenes que suena en la industria. Hacer vino no es una receta de cocina…se mezcla la física y la química con la locura de uno, sentenció Lucas en medio de una primera conversación y como siempre la rescatamos para dejarla inmortalizada en esta nota.

Lucas Niven, escuché una vez al pasar, y su nombre quedó guardado para averiguar donde trabajaba para luego ubicarlo y hacerle una entrevista. Unos días más tarde nos cruzamos en una feria de vinos y le dije: Vos sos Lucas Niven? Sí, me contestó y me dio la tarjeta de Los Toneles, bodega en la cual trabajaba en ese momento. Aunque esa bodega a la que tanto le aportó fue una de las tantas de su lista que incluye Catena Zapata, Escorihuela Gascón y otras de EEUU.

Fue así que después de algunos correos de por medio, coordinamos para hacer una nueva entrevista en la sección enólogos y con el casi ya folclore que la caracteriza nos dispusimos a viajar hasta la bodega con Mario. Acomodamos previamente nuestros horarios para dejarle tiempo al disfrute de las experiencias contadas en primera persona por el enólogo y por supuesto a conocer esos vinos que cada hacedor te hace probar con tanta pasión.

Casona

Para ser verdad, jamás había pisado una bodega del este, por lo que Bodegas y Viñedos Niven, ubicada en Junín fue mi primera experiencia. Entramos en una especie de quinta, totalmente impecable, que nos enamoró desde el primer momento. Grandes paisajes, y grandísimos espacios de pasto prolijamente cortado, una represa, un salón de eventos – restaurant decorado con muebles restaurados por Lucas y Cristina (Su Madre) que en lo personal me cautivó, pileta, y una casona de esas en las que uno sueña vivir toda la vida fueron las cosas que a primera vista nos sorprendieron.

Con esa postal nos fuimos metiendo en la vida de Lucas, y no solo en la vida sino en la casa en la que había crecido y había experimentando todas sus vivencias con la vid, con el vino y con su familia.

Bodega

Lucas vivió toda su vida en esa casa, para ser exactos desde los 2 años, rodeado de esos viñedos y corriendo por entre las piletas de vino. Nos contó que desde chico (14 años) el “Pepe” Orfila le regalaba uva y él hacía vino para convidarle a sus amigos y se sentía un super héroe.

Párrafo a parte: Cristina, la mamá de Lucas, que nos acompañó gran parte de la tarde, merecería una nota especial. Una mujer simpática, proactiva, artista y trabajadora. Nos recibió como si fuéramos los amigos de su hijo que íbamos a tomar la media tarde. Nos mostró sus cuadros, nos contó la historia de la finca y luego se fue a cocinar focaccia y torta andaluza, que acompañó con cañitas andaluzas, que son salames pequeños, aceitunas preparadas de modo francés y de modo español, todo para acompañar los vinos que al final de la visita íbamos a degustar. Un encanto de mujer, de personalidad marcada, con quien uno puede charlar horas sobre diversos temas.

Salon

Siguiendo con el protagonista de esta nota, fuimos a la bodega en donde un millón y medio de litros de vino reposan, se ponen a punto y esperan a ser embotellados o llevados a otra bodega. Niven al principio era una bodega trasladista, pero ya hace unos años Lucas y su padre hicieron “Pala Corazón”, que es el vino con el que apuestan hacer conocer la bodega o como lo dijo él: “Desde el 2010 venimos abriendo el surquito con este vino”

En la recorrida probamos unos vinos exquisitos, realmente recomendables. Alguno de los que recuerdo fueron un malbec de Cipoletti, con 12 meses en barricas de castaño Húngaro de primer uso, un cabernet también con 12 meses pero en barricas de roble francés, un sangiovesse de maceración carbónica en piletas de 70 mil litros y un blanco de tintas que con dos hielos estaba ideal para sentarse en la pileta y quedarse toda la tarde a disfrutarlo.

Así estuvimos un largo rato paseando por las instalaciones hasta que volvimos al hermoso salón de muebles vintage y carteles con tiza que decían “La cocina de mamá” “Bocadito de Cielo” “El Galpón de los placeres terrenales, Familia Niven. Malbec Pala Corazón”. En él la mesa ya estaba servida y ordena por Cristina, así que con un espumante Pala Corazón muy bien maridado nos metimos un poco más en la vida de Lucas y le hicimos varias preguntas que a continuación te dejamos (algunas).

¿Cuál es tu objetivo en este momento?

El objetivo mío es que la gente pueda tomar vino en diferentes segmentos. Quiero seguir creciendo y hacer cosas muy locas, hacer vino con uvas congelas y cosas así.

Tu padre es ingeniero agrónomo: ¿Qué ves que haya cambiado desde lo que él hacía en un principio con lo que vos hacés ahora?

Mi viejo hace 40 años hacía vino blanco de tintas de malbec de la calle Cobos de Pedriel. La gente se volvía loca por el vino blanco. Hoy 35 años después ha dado todo un vuelco enorme. La gente toma más tinto y los consumidores están más preparados pero al vino se lo ha puesto en una situación que no siempre lo favorece. Al vino hay que tomarlo como a uno le guste. Si le querés poner hielo se lo ponés y listo.

¿Y con respecto a la parte económica?

Nosotros empezamos con 150 hectáreas y ahora tenemos 30. Hemos pasado años durísimos. Te darás cuenta de la perdida de capital que uno tiene.

¿Qué pensás sobre la relación enólogo – bodega?

Los enólogos marcan la identidad de la bodega. De eso no me caben dudas. Hoy Catena tiene la personalidad de Ale por ejemplo.

¿Y la zona Este? 

A veces te da miedo que la zona Este está un poco desprestigiada pero este lugar está muy lindo y los vinos que estamos haciendo están muy bien y hemos trabajado muchísimo con mi familia para dejarlo como está. Hoy vamos a apostar a que crezca.

¿Vos que vas a hacer puntualmente?

Yo clavo el ancla. He tenido ofertas de bodegas grandes pero voy a apostar a este proyecto. Me gusta disfrutar de los proyectos. Cuando hacés vino sentís que es medio tuyo, es un rollo que tenés en la cabeza y acá estoy muy cómodo.

Esas fueron algunas del salpicado de preguntas que le hicimos a este gran enólogo que nos recibió muy bien, y nos hizo pasar una excelente jornada.

Como apreciación de los que hacemos este medio, seguimos insistiendo en que hay que animarse a conocer más y seguir y seguir probando vinos de diferentes lugares. La zona este nos sorprendió y su terruño y sus vinos son únicos. Vale la pena animarse a visitarlos y consumirlos.

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