Manuel Michelini, un irreverente del vino

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Su apellido acompaña sus primeros pasos en la industria. Sin embargo, este joven de 20 años indaga en el estilo propio y se anima a dar vida a botellas frescas y jóvenes, que combinan trabajo, diversión y experimento.

los 19 años, sí, a los 19, Manuel Michelini hizo su primer vino. Lo bautizó Plop en alusión a la onomatopeya que aparece una y otra vez en la historieta Condorito. De esas 1.150 botellas realizadas a partir de dos varietales, apenas conserva un par; el resto fueron distribuidas en vinotecas y restaurantes de Buenos Aires y Mendoza. Como si el boom de ventas hubiera sido poco, las revistas Wine Advocate y Descorchados le otorgaron más de 90 puntos y el crítico especializado Luis Gutiérrez definió a su rosé como «un irreverente Cabernet Franc».

Nació en Mendoza en 1995 en una familia que retomó la ambición frustrada de su abuelo paterno: hacer vinos. Con la crisis del 2001, Manuel dejó la provincia y junto a su familia se embarcó en la aventura del porvenir en las Islas Baleares, en Mallorca. Con el mar Mediterráneo de fondo, aprendió a leer y a escribir en español y catalán al mismo tiempo. En 2007, ya de vuelta, su madre estudió enología y su padre creó junto a un grupo de canadienses la Bodega Zorzal, en Tupungato.

Estudiante de segundo año de enología, se siente un caradura de la música: algo sabe de guitarra y ahora va por el ukelele. Desenvuelto y desinhibido, compartió una tarde en INMENDOZA y compartió su experiencia en el rubro, que va, sin dudas, por mucho más.

–¿Cómo surge la idea de hacer Plop?

–Desde chico estuve siempre en una bodega entre mis tíos y mis viejos, que son unos capos. Lo cierto es que yo tomaba vino y una vez hice un viaje con mi tío Matías a Chile y le dije que tenía ganas de hacer algo mío que me representara. Un rosado, se me ocurrió. A mí siempre me gustó el Piantao, un Cabernet Franc de Zorzal, así que me dije: «el día que haga un vino, será de esta variedad». Al terminar el proceso me sobró uva, entonces surgió la posibilidad de hacer otro vino con el mismo nombre, mezclándolo con Malbec. El tinto salió de casualidad y gustó un montón, por suerte; al mes y medio ya no quedaban más botellas.

–¿Cuál fue tu búsqueda durante el proceso de elaboración?

-Tuvo una fuerte relación con la música. En mi caso me gustan mucho Los Redondos, las letras y la ideología que manejan. Entonces pensé en algo conceptual, donde fuera importante el pensamiento. Quise que mis vinos fueran finos, ligeros, con poco alcohol y fáciles de tomar. Cuando hablo de mí, también hablo de mis viejos, que colaboraron en lo técnico y de mis tíos, que además de espectadores fueron guías. Yo no sé qué sería de Plop si no fuera por el apoyo de mi familia.

–¿Qué palabras definen a cada una de las botellas?

–Al rosado, la frescura. Y al tinto, una suave violencia.

–¿Qué proyectos tenés por delante?

–Este año tengo ganas de hacer un blanco que también se llame Plop. Desde chico me inculcaron que haga lo que me gusta para hablar con el corazón. La enología acompaña mucho mi gusto por la música, mis ganas de crear y que otros puedan disfrutar de eso. Además el mundo del vino es divertido, tiene amplitud y un conjunto de personas en el proceso que trabajan con enfoques muy distintos.

–¿Pensaste en un determinado público?

–Es un vino relativamente económico pero tampoco tanto. Por ahí los jóvenes prefieren comprar por el mismo precio otra bebida, por eso trato de acercárselo a mis amigos y mis conocidos para que lo conozcan.

–¿Vivís esta experiencia con mucha responsabilidad o lo tomás como un juego?

–Un poco de las dos cosas. Es una responsabilidad porque sin querer, vas armando una empresa y hay que responder a ciertas exigencias; yo no puedo hacer un vino que no cumpla con las expectativas de la persona que probó el anterior, pero intento divertirme y jugar al mismo tiempo.

–¿Adónde te gustaría llegar con esto?

–A ser una persona que sabe pero sin perder el equilibrio y el disfrute de compartir con la familia y los amigos. Ser una persona con conocimientos pero arraigado, nunca perder la cabeza por cuestiones superficiales. Me encantaría tener mi bodega propia y hacer lo que me gusta libremente.

 

Fuente: inmendoza.com

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